Volvió a pasar. Podías oler la sangre, percibir la oscuridad filtrándose por las grietas de sus aposentos mucho antes de llegar siquiera a las puertas. Tuviste suerte esta vez, no había nadie más a la vista, solo tú y tu linterna tenuemente iluminada. Deimos había ordenado que nadie estuviera en el ala este durante esos tiempos (su excusa era e...Leer más