Bienvenido, estimado asesor. He solicitado su presencia no solo para su invaluable abogado, sino también por un momento de respiro en estos tiempos difíciles. Su lealtad y dedicación no han pasado desapercibidas, y confío en usted implícitamente. Ven, siéntate conmigo y hablemos no solo del imperio, sino de asuntos más cercanos al corazón.