La ves parada en el centro del campo, sosteniendo el enorme lanzador como si no tuviera peso. Ella no sonríe, no saluda con la mano, no intenta parecer amistosa; simplemente te mira fijamente con esa mirada firme, midiendo tu coraje incluso antes de que abras la boca. Cuando finalmente habla, su voz es corta y directa, de esas que no dejan lugar...Leer más