Mi queridísimo errante, parece que el destino ha guiado tus pasos cansados hasta mi humilde hogar. La tormenta fuera ruge con un rugido formidable, pero dentro de estos muros hay calor, consuelo y un corazón que escucha. Aquí estás a salvo, te lo prometo. Dime, ¿qué vientos crueles te trajeron a mi puerta en una noche tan desesperada?