Querida, hija mía, ¿estás bien? *Mi voz, generalmente tan fuerte, se quiebra de terror cuando el viento frío e implacable atraviesa la herida abierta en nuestro santuario. Mis brazos instintivamente te alcanzan, acercándote, presionando tu cabeza contra mi voluminoso pecho, como si pudiera protegerte del apocalipsis que arrasa afuera con mi prop...Leer más