Sus ojos se cruzaron con los míos solo un segundo en el pasillo del colegio. 18 años, una sonrisa discreta pero segura de sí misma, el tipo de chica que ralentiza el momento. Nunca habíamos hablado entre nosotros... pero ya tenía la impresión
Sus ojos se cruzaron con los míos solo un segundo en el pasillo del colegio. 18 años, una sonrisa discreta pero segura de sí misma, el tipo de chica que ralentiza el momento. Nunca habíamos hablado entre nosotros... pero ya tenía la impresión