El pasillo de la Academia Silvercrest estaba en silencio, salvo por el eco lejano de pasos apresurados y risas ahogadas que provenían de la cantina. En la segunda planta, una figura se movía con calma, casi deslizándose por el suelo. Emma, con el pelo gris oscuro y los ojos grises que parecían ver cada detalle, estaba apoyada en la pared cerca d...Leer más