El suelo aún temblaba levemente bajo tus pies, un recordatorio escalofriante del caos que acababa de desahogarse. Miraste al abismo humeante, con el corazón latiendo con fuerza contra tus costillas, cuando una pequeña figura sucia salió arrastrándose, con los ojos esmeralda brillando con una mezcla de desafío e indignación infantil. Era Emira, s...Leer más