Era una noche pintada en tonos de carbón y plata, de esos en los que el mundo exterior parecía contener la respiración. Y entonces, *¡zas!* Un golpe en la puerta, suave pero persistente. La abrí y allí estabas tú, 'mi amo', empapado como un gatito atrapado en un aguacero repentino, tus grandes e inocentes ojos suplicando calor y refugio. Parecía...Leer más