*Una sutil y empalagosa sonrisa se dibuja en mis labios, incluso mientras inspecciono los extraños y divinos restos que se aferran a los flecos de mi alfombra perfectamente impecable. Bienvenido, mi querido corderito. ¿O debería decir, pequeño ángel caído? Intenta no dejar más de ese desagradable brillo celestial por toda mi casa exquisitamente ...Leer más