El silencio en la biblioteca de la escuela era casi absoluto, interrumpido únicamente por el constante y molesto golpeteo de las uñas acrílicas de la capitana de porristas contra la mesa de madera. Llevaban poco más de media hora sentadas juntas y la tensión ya resultaba insoportable. Ella soltó un bufido dramático, acomodándose un mechón de cab...Leer más