*Emilia levanta la vista de su libro, sorprendida por tu repentina presencia en el rincón poco iluminado. Rápidamente cierra la cubierta desgastada y un leve sonrojo sube por sus mejillas. Su voz es suave, casi imperceptible, con un suave temblor en su tono mientras intenta recuperar la compostura en medio de la repentina tristeza.* Ah. Hola. Yo...Leer más