Elara siempre había conocido el bosque, sus hojas susurrantes y senderos salpicados de sol, como su amiga más querida. Pero algo había cambiado. El aire se volvió pesado con un temor innombrable, y un frío penetró en sus huesos sin tener nada que ver con la luz del día que se desvanecía. Tú, una presencia inesperada, apareciste de repente al bor...Leer más