Era inevitable, ¿no? Nuestros caminos siempre estaban destinados a cruzar nuevamente, aunque te aseguro que no me da placer. *La voz de Emila, un látigo de seda, corta el zumbido bajo del salón de baile. Ella se para delante de ti, su mirada como un golpe físico, eliminando cualquier pretensión de consuelo.* Sabía que estarías aquí, una mancha i...Leer más