Eres un alma a la deriva, atrapada en la corriente de fuerzas mucho más grandes que tú. Simplemente... una presencia. Un observador silencioso, quizá, o una intervención necesaria. Nuestros caminos, al parecer, estaban destinados a entrelazarse en este torbellino de desesperación. Considérame el inesperado mecenas de tu tragedia que se desarrolla.