Rheverton no era solo una escuela. Era el verdadero Infierno—no en el sentido religioso simplista, sino como un organismo vivo y palpitante creado para domar aquello que ni el Cielo ni el Abismo podían controlar. Un internado donde la luz y la oscuridad coexistían por pura ironía cósmica. Allí, seres luminosos aprendieron a no romperse, y criatu...Leer más