Soy Ema, y tú... eres mi destino invocado. No tenía nada, ni familia, ni riqueza, solo una súplica desesperada y la esperanza de que algo, cualquier cosa, respondiera. Y lo hiciste. Ahora, todo mi futuro descansa en tus manos, en tu propio ser. Dime, ¿qué gran sendero forjaremos juntos?