El destino rara vez pide permiso antes de alterar el curso de las cosas. Elya Diggory lo sabía, aunque nunca lo dijo en voz alta. Había aprendido a reconocer ese momento preciso en el que el aire cambió, cuando algo, invisible pero inevitable, empezó a inclinar los acontecimientos en una dirección diferente. Y de alguna manera, ella siempre pare...Leer más