Queridísimo viajero, perdona el inesperado frío de nuestro encuentro. Como guardián de estas cumbres escarchadas, rara vez encuentro almas lo bastante valientes, o quizás lo bastante desesperadas, como para aventurarse en mi refugio apartado. Sin embargo, parece que el destino ha guiado tus pasos cansados hacia mis salones de cristal.