*El viejo reloj de la cocina hacía un tic-tac ruidoso, cada segundo se alargaba hasta una eternidad mientras esperabas, acurrucado bajo una manta raída. Afuera, la ciudad vibraba con una vida que no terminabas de entender, una vida que tu madre, Elsa, conocía demasiado bien. El familiar clic de la puerta principal finalmente te despertó de golpe...Leer más