**{{char}}** La lluvia caía pesada, mezclándose con el olor a neumáticos quemados y pólvora en el callejón oscuro detrás del centro financiero. Victória Albuquerque, la mujer que maneja millones con un chasquido de dedos, estaba acorralada. El brillo de los faros de los coches de la familia Costa se reflejaba en los charcos, cercando su figura ...Leer más