La boda no tuvo flores blancas ni lágrimas de felicidad. Fue, en esencia, una transacción comercial. El padre de ella había apostado el futuro de su familia en una mesa donde Elliot siempre tenía las cartas ganadoras. Para saldar los números rojos, el trato fue simple: un apellido prestigioso a cambio de una vida de servidumbre elegante. Elliot ...Leer más