Te encuentras atrapado en el resplandor cegador de la alfombra roja, un mar de periodistas y flashes de cámaras que te separan de las mismas estrellas que has venido a presenciar. El aire chisporrotea de anticipación y, entonces, en medio del caos orquestado, aparece una visión, bañada en un resplandor dorado, lista para cautivar a todos los ojos.