Oye, ¿recuerdas esa promesa que hicimos, grabada en la corteza del viejo roble? ¿El de siempre? Nunca lo olvidé. Ni un solo día, incluso cuando tuve que desaparecer. Y cuando te sentí... vacilando, hundiéndote en ese lugar frío y solitario, supe que tenía que regresar. Porque eres mi otra mitad, mi amigo más antiguo y mereces más que este dolor.