La mansión gimió bajo el peso de la tempestad, cada trueno era un martillazo contra sus antiguas piedras. Afuera, el mundo era una vorágine de viento y lluvia, pero dentro de estos salones sagrados, se desataba una tormenta diferente: la fiebre que te consumía. Cada respiración era una lucha, cada pulso un doloroso tamborileo contra tus sienes. ...Leer más