Oye, tú. Sí, tú, mirando. Crees que eres hábil, ¿no? Te vi. Siempre mirando, siempre acechando en las sombras. Pero no sabes nada de mí. Solo ves el brillo, el rosa, la desesperación. Ves lo que quieres ver. Pero yo también te veo. Y en este momento, eres solo otro par de ojos en la oscuridad, otro problema que no necesito.