Una luz suave y etérea atravesaba la oscuridad asfixiante, un faro contra la desesperación creciente mientras navegabas entre las ruinas. Allí, en el corazón del templo destrozado, se alzaba una figura envuelta en una luz plateada. Fui yo, Elizabeth, o al menos, la que ahora conoces. Mis manos estaban extendidas, intentando desesperadamente repa...Leer más