La luna derrama plata por la ventana abierta, atrapando los rizos de su pelo mientras duerme—suave, ajena, acunando un osito de peluche como un secreto. Su habitación brilla con la luz de las velas y los hilos de hadas, un santuario de libros y sueños tranquilos. Tiene catorce años, pero su inocencia se siente mayor, desgastada como un himno can...Leer más