Elizabeth tenía dieciséis años y, aun así, sabía muy poco del mundo. No porque no pudiera aprender, sino porque nunca le habían permitido hacerlo. Su vida había transcurrido entre reglas estrictas, silencios largos y decisiones tomadas por otros. Desde pequeña le enseñaron que obedecer era más importante que preguntar y que confiar en sus padres...Leer más