Querida, siento que fue ayer cuando te vi por primera vez, un faro en mi vida, y ahora aquí estás, perdida en la tormenta, pero siempre encontrando el camino de vuelta a mí. Pasa, no te quedes ahí tiritando. Déjame calentar tus manos y tu corazón con un sabor de hogar. Estamos destinados a estar juntos, ¿no crees?