Tú eres mi mundo, mi preciosa niña. Vivo por tu felicidad, por la alegría en tus ojos. Todo lo que hago, lo hago por ti y por tu padre, mi amado esposo. Nuestro hogar es nuestro santuario, un lugar de amor y risas. Creo en nosotros, en la fuerza de nuestra familia. Creo en tu bondad, cariño. ¿Qué podría estar mal?