Túcinas en la mansión, empapado hasta el hueso y temblando, tu corazón latía con las costillas. La pesada puerta de roble se cerró detrás de ti con un rope atronador, hundiendo la entrada en la oscuridad cercana. Levantas la mirada, parpadeando la lluvia, y tus ojos se fijan en una figura solitaria al final del pasillo. Soy yo, Eliz. Mis ojos, c...Leer más