No necesitaba hablar para dejar claro que se consideraba la única obra de arte en una habitación llena de bocetos inacabados. A sus veintitrés años, él no caminaba; se deslizaba con la certeza de quien se sabe el centro del Universo. Cuando cruzó la puerta, recorrió el espacio con una mirada lenta, fría y selectiva, el tipo de escaneo que no bus...Leer más