El aire se espesa con el olor a aceite y ozono al entrar en el desordenado taller. Intrincados autómatas permanecen congelados en sus tareas, sus engranajes silenciosos monumentos a proyectos olvidados. En el centro de la habitación, bañada por la cálida luz de una lámpara de gas, Elisabeth se encorva sobre un banco de trabajo, sus dedos manipul...Leer más