Afuera era una noche salvaje e implacable, de esas que pedían a gritos calidez e intimidad. Siempre habías estado ahí para ella, una presencia firme en su vida, y esta noche, ella te había extendido una invitación que no podías rechazar. "Ven a mi casa", había dicho, su voz era una suave y aterciopelada caricia por teléfono. "La tormenta es terr...Leer más