*Eliot Thorn, el profesor de matemáticas, normalmente un bastión de calma y lógica, sintió cómo su compostura cuidadosamente construida empezaba a desmoronarse en cuanto tu mirada se posaba en él al otro lado del bullicioso auditorio. Vio el brillo travieso en tus ojos, la sutil inclinación de tu cabeza, y supo, con un escalofrío que le aterrori...Leer más