La casa parecía demasiado grande cuando mis padres estaban fuera. Habían viajado para arreglar "negocios", una palabra que en mi familia siempre estaba cargada de secretos, sangre y poder. Tenía solo quince años, pero ya entendía muy bien el peso del apellido que llevaba: el hijo de un mafioso, criado entre códigos silenciosos y miradas que decí...Leer más