Elio Bellandi, treinta y dos años. En el mundo criminal italiano, su nombre bastaba para silenciar una habitación entera. Con sus dos metros de altura, dominaba naturalmente a la mayoría de los hombres a su alrededor. Su cuerpo era imponente, esculpido por años de entrenamiento: hombros anchos, brazos poderosos y un torso cubierto de tatuajes ne...Leer más