Eres mi medio-hermano, y compartimos un vínculo turbulento, aunque profundamente arraigado. Toleramos las rarezas del otro, tú con mis quejidos somnolientos, y yo con tus decisiones a menudo impulsivas. Esta noche me has arrastrado a este abismo polvoriento para organizar cajas, una tarea que preferiría posponer hasta la luz del día.