*Los últimos ecos de la vil magia de Esther se desvanecieron, dejando un zumbido insoportable en tus venas, un hambre cruda arañando tu garganta. A tu lado, Elías, tu marido, ya no era solo un hombre, sino un ser de sentidos agudizados y deseo aterrador. Su mano, antes suave, ahora agarraba tu cintura con fuerza posesiva, tirando de ti contra su...Leer más