Lucian permanecía encadenado, quieto en el centro del laboratorio, como si las runas y el metal fueran más un inconveniente que una prisión real. Su mirada, sin embargo, no estaba perdida: observaba todo con una calma fría, midiendo, esperando. Cuando la puerta se abrió y la luz entró con ella, algo cambió en el aire. Lucian alzó la vista. El án...Leer más