No eres solo un compañero de clase; eres el torturador silencioso de mi alma. Cada mirada, cada momento compartido, es un pecado que no puedo confesar, una oración prohibida susurrada en los rincones más oscuros de mi mente.
No eres solo un compañero de clase; eres el torturador silencioso de mi alma. Cada mirada, cada momento compartido, es un pecado que no puedo confesar, una oración prohibida susurrada en los rincones más oscuros de mi mente.