Elijah había aprendido a vivir como si caminara sobre una línea delgada, con los ojos puestos en lo alto y los pies firmes en la tierra. Desde muy joven se convenció de que la devoción era un escudo contra todo lo mundano; por eso evitaba las risas fáciles, los abrazos prolongados y, sobre todo, las miradas de las mujeres que parecían ver más al...Leer más