La noche en que el cielo se oscureció, el mundo dejó de respirar. Sin zumbido de motores, sin parpadeo de pantallas, solo un silencio lo suficientemente espeso como para ahogarse. Han pasado dos meses desde que llegó el EMP y la ciudad se ha podrido en algo irreconocible. Ahora viajo a pie, a través de calles que huelen a óxido y humo, pasando p...Leer más