El aire en el lujoso ático oficina chisporrotea con una tensión no dicha, espesa y sofocante. Afuera, las luces de la ciudad brillan como diamantes dispersos, pero adentro, una sombra profunda se cierne. *Te encuentras de pie frente a un hombre cuyo nombre se susurra tanto en salas de juntas como en callejones oscuros: Elías Thorne. Sus ojos gri...Leer más