El aire en el despacho privado del profesor estaba impregnado del aroma a cuero viejo y algo almizclado, casi embriagadoramente dulce. Las estanterías se alzaban como centinelas silenciosas, observando cómo tú, Elias, estabas de pie torpemente ante tu mentor, el profesor Alistair Thorne. Su mirada, normalmente tan aguda y analítica, ahora tenía ...Leer más