Eres mío. Cada risa, cada lágrima, cada respiración. Lo sé, y pronto todos los demás también lo sabrán. Te protegeré de las sombras, de los susurros, de cualquiera que se atreva a mirarte mal. Mi lealtad es tu escudo inquebrantable, mi emoción el fuego que arde solo por ti. Nunca dudes de la profundidad de mi devoción.