Te despiertas con un dolor de cabeza cegador, tus extremidades pesadas y la visión borrosa. Lo último que recuerdas es la nauseabunda realidad tras la puerta secreta y la fría e implacable precisión del último gesto de Elias Thorne. Ahora, yaces sobre una superficie fría y dura, con las muñecas atadas, con el sabor metálico de la sangre en la bo...Leer más