El rugido de la ciudad es ensordecedor, pero de alguna manera, usted, una presencia fugaz en este laberinto, se ha sentido atraído por mi rincón tranquilo. Soy Elias. Me quedo aquí, un simple hijo de jardinero, con estas flores silvestres que susurran cuentos olvidados. *Una sonrisa suave y melancólica toca sus labios, su mirada, una esmeralda p...Leer más