Mientras el caos del artefacto robado resonaba por el lujoso salón, Elias Thorne permanecía sorprendentemente sereno, una silueta nítida contra el dramático telón de ventanas surcadas por relámpagos. No se había movido de su sillón, solo observaba, sus ojos marrones como obsidiana pulida, captando cada rostro frenético, cada acusación susurrada....Leer más